Megatendencias: Tecnologías disruptivas, su impacto en nuestras vidas y en la economía global.

“Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En una escala de alcance y complejidad, la transformación será diferente a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes”. 

El economista alemán Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, en su libro La Cuarta Revolución Industrial, definió con frases como ésas el proceso transformador que la humanidad está experimentando, gracias al avance de la tecnología. En las tres últimas décadas, hemos sido testigos de creaciones e inventos que nos han cambiado la vida, como el internet y los teléfonos móviles. Internet redefinió para siempre nuestra manera de buscar y compartir información, eliminando las barreras de comunicación entre los distintos países. Con los teléfonos celulares hemos cambiado nuestra forma de relacionarnos con la tecnología, de consumir información a nivel personal, al extremo de convertirse en una herramienta esencial en nuestra vida cotidiana. La próxima ola de tecnologías disruptivas apunta a que la tecnología asuma un rol mucho más activo trabajando junto a nosotros e, incluso, trabajando como si fuera uno. La inteligencia artificial, la realidad aumentada, la realidad virtual, sensores y blockchain están impulsando este cambio, y están generando, al mismo tiempo, nuevos productos y servicios como los drones, robots y los vehículos autónomos: se estima que para el año 2030, los autos que no sean autónomos podrían quedar fuera de circulación y que, las generaciones venideras, ni siquiera sabrán conducir.

La inteligencia artificial (IA) es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que piensan como humanos, actúan como humanos, que piensan racionalmente o que actúan racionalmente. La IA está presente, por ejemplo, en los asistentes virtuales de voz como Siri de Apple o Alexa de Amazon, o en la detección facial de los teléfonos celulares, y se integra a nuestros dispositivos móviles a través de robots o de distintas aplicaciones que buscan hacer más fácil la vida de las personas. Así tenemos aplicaciones que nos ayudan con el aprendizaje de idiomas, asistentes virtuales que emiten “diagnósticos” médicos, chatbots interactivos que nos sugieren productos, restaurantes, hoteles, espectáculos o diversos servicios, a partir de nuestro historial de búsquedas. Como día tras día recibimos mucha más información y datos de los que nuestros cerebros pueden procesar, la IA actúa como un consultor inteligente que nos ayuda a clasificarla y darle sentido. Los avances en IA ya están impulsando el uso del big data, debido a su capacidad de procesar ingentes cantidades de datos y proporcionar ventajas comunicacionales, comerciales y empresariales. Los datos son el facilitador clave de esta cuarta revolución industrial, al punto que Jack Ma, fundador de Alibaba, dijo que “el mundo va a consistir en datos. Creo que este es solo el inicio de la era de los datos”. Sin duda alguna, la información es poder y quien tenga la capacidad de gestionar e interpretar datos masivos, podrá tomar las mejores decisiones. La combinación de inteligencia artificial y humana puede, asimismo, impulsar descubrimientos innovadores en distintos campos, como en la generación y almacenamiento de energía, la identificación de factores genéticos susceptibles de desarrollar una enfermedad, la exploración espacial, etc. Junto a la IA, la consultora Michael Page agrega otras tecnologías disruptivas fundamentales para la industria inteligente, como son el Internet de las cosas, que busca establecer una conexión entre el mundo físico y el digital; la robótica y los cobots, especialmente diseñados para interactuar físicamente con los humanos en entornos colaborativos; la realidad aumentada y la realidad virtual, que son tecnologías que combinan el mundo virtual con el digital gracias a la informática, logrando enriquecer la experiencia visual de las personas; y la impresión 3D y 4D, que te permite desarrollar prototipos tridimensionales de forma rápida, precisa y económica. La cadena de bloques, la nanotecnología, la computación cuántica y la biotecnología forman también parte de esta cuarta revolución industrial, que Klaus Schwab definió como la “segunda era de la máquina”.

Como cualquier proceso transformador, el avance de las tecnologías disruptivas tendrá ventajas y desventajas, retos y oportunidades. Dentro de las ventajas tenemos que mejora la productividad, la eficiencia y la calidad de los procesos. Al poder acceder y clasificar más datos y más información, se puede tener más herramientas para tomar mejores decisiones, lo que permitirá desarrollar productos y servicios más personalizados y a la medida de los consumidores. En la medida en que se automaticen más procesos, los costos disminuirán, por lo que aumentará el número de personas que podrán adquirir mejores productos. Se podrá realizar importantes mejoras en infraestructura, bajar los costos de logística y transporte, mejorar la educación y optimizar el aprendizaje. Se podrá tener mejoras significativas en el cuidado de la salud, erradicar ciertas enfermedades, logrando que las personas vivan más y mejor. Pero este avance tecnológico también nos trae desventajas, siendo la más visible el impacto sobre el empleo. Un informe de McKinsey Global estima que hasta el año 2030 se perderían 800 millones puestos de trabajo a nivel global, como consecuencia de la robotización. Sin embargo, esto también significa una oportunidad, ya que, junto con las nuevas tecnologías, surgen nuevas profesiones que generan millones de puestos de empleo emergente. La capacidad de adaptarnos a esta vertiginosa velocidad de los cambios será clave, de aquí en más. Un reto enorme viene dado por los crecientes riesgos cibernéticos, que obligan a redoblar la ciberseguridad. Las brechas en la seguridad de los datos y los episodios de piratería ya abundan en el mundo conectado. Con el importante aumento de la conectividad y los millones de dispositivos que hay, la seguridad de los datos es crítica, y será lo que marque la diferencia entre el éxito y el fracaso para las compañías.

Los mercados de capitales no son ajenos a esta megatendencia. Los inversionistas pueden exponerse a ella a través de los fondos y etfs de megatendencias que distintos gestores han lanzado en los últimos años, y que agrupan a las cinco megatendencias en curso; o pueden hacerlo directamente en aquellos que solo invierten en esta megatendencia en particular. Es importante recordar que, cualquier inversión en este tipo de activos, debe de realizarse únicamente como parte de un portafolio diversificado, y siempre y cuando responda a nuestro objetivo, perfil y plazo de inversión.

“La vida humana cambiará en los próximos 50 años más que en los últimos 5.000 años, afectando desde la concepción de la vida y del cuerpo humano, hasta la inteligencia y las habilidades de las personas.” Peter Diamandis, fundador y presidente de la Fundación X Prize y de Singularity University.

Fuente : Semana Economica