Los primeros ‘car-carriers’ autónomos empezarán a operar en un plazo de cinco años

La adaptación de todos los sistemas técnicos para garantizar su viabilidad en las conexiones interoceánicas podría prolongarse unos 20 años.

El sector del transporte marítimo va por detrás del de carretera en cuanto al impulso de la conducción autónoma, pero los últimos avances indican que ya se están empezando a sentar las bases para el despliegue de futuras flotas de este tipo. No obstante, en sectores como el de los ‘car-carriers‘, el proceso podría alargarse más de lo esperado.

Desde una perspectiva comercial, la principal ventaja es el ahorro económico generado por la mayor eficiencia en el consumo de combustible, la reducción de los costes operativos y la posibilidad de enviar la carga sin tripulación a bordo. Ante estas grandes perspectivas, el mayor inconveniente que se ha detectado hasta el momento reside en la seguridad.

Es posible que en menos de cinco años estén operando algunos ‘car-carriers‘ autónomos en rutas de corta distancia, pero la adaptación de todos los sistemas técnicos para garantizar su viabilidad en las conexiones interoceánicas podría alargarse unos 20 años.

El hecho de no llevar tripulación a bordo supone la eliminación total del riesgo para la vida y permite incrementar la fiabilidad y predictibilidad de los servicios, al no poder generarse ningún error humano y poder tomarse toda decisión mucho más rápido.

Sin embargo, los vehículos que se transportan son más sensibles ante los posibles movimientos del buque que se producen en condiciones climáticas adversas. A esto se añade que la maquinaria del buque requiere un mantenimiento y la carga debe ser inspeccionada para comprobar que esté correctamente sujeta.

Cambios en la normativa y certificaciones

Además, aunque es factible obtener los permisos necesarios para un buque con personal reducido o incluso sin tripulación dentro de un país concreto o entre un grupo de países cercanos, será mucho más complicado desarrollar la normativa que regule este tipo de operaciones en aguas internacionales.

Así, en estos años intermedios los sistemas automatizados pueden utilizarse como apoyo para la toma de decisiones por parte de la tripulación, dado que la asistencia en remoto y la prevención de posibles desastres es más compleja.

Independientemente de cuántas pruebas se realicen, siempre va a existir el peligro de que se produzca un fallo imprevisto, por lo que el transporte marítimo completamente autónomo y libre de accidentes aún está lejos de ser una realidad, al menos mientras no existan unas guías y sistemas de certificación claros.

Desde la sociedad de clasificación DNV GL, explican que siempre se han dedicado a la certificación de tecnología para el sector marítimo, pero en este caso la propia operativa que realizarían los humanos está integrada en esa tecnología, siendo el software el que toma las decisiones. Esto requiere reformular el proceso para la revisión de la seguridad de toda la operativa al completo.

En este caso, DNV GL está avanzando en el pronóstico de fenómenos meteorológicos extremos para realizar simulaciones por ordenador y poder probar las capacidades de los diferentes sistemas de conducción autónoma.

Fuente : CdS