Llega al Callao buque perforador que iniciará histórica exploración petrolera en mar peruano

Perú tiene una larga experiencia con respecto a los lotes en superficie pero escasa en cuanto a posibles depósitos mar adentro y en aguas profundas.  Pronto la australiana Karoon, este año, acometerá la perforación más profunda en la historia del mar peruano: a casi 500 metros bajo las aguas, frente a las costas de Tumbes, sondeará el prospecto Marina en busca de oro negro de alta calidad. Y el especializado equipo que realizará el importante trabajo acaba de llegar al puerto del Callao.

Se trata del buque perforador Stena Forth, que próximamente iniciará la exploración en el pozo Marina 1 en la zona de Tumbes. Su éxito -o su fracaso- definirá el futuro de las exploraciones petroleras en el mar nacional en aguas someras: si se encuentra crudo, entonces la probabilidad de que hayan recursos en los lotes adyacentes será mayor; si no, habrá que buscarlos en otro lugar, acaso más profundamente. Pero jamás espantar la necesaria inversión privada, que ya mucho trabajo cuesta convencerla de que venga a echarnos una mano. 

“Creemos que podemos hacer exactamente lo mismo en el Perú”, reveló a finales del año pasado Ian Cloke, vicepresidente ejecutivo de Nuevos Negocios de Tullow Oil, uno de los socios de Karoon en la tarea de explorar aguas adentro. “El potencial en Perú, en todas sus cuencas, es muy grande”, conjetura una fuente interna de la petrolera irlandesa. “El yacimiento encontrado en Guyana es el tipo de reservorios que buscamos; seguimos muy comprometidos con el Perú”.

Tullow Oil, empresa de capitales irlandeses que lleva dos años esperando la restitución de lotes en el Perú, contó que las cosas habían ido como la seda en un país cercano al nuestro. En Guyana, Tullow Oil, en solo tres años de intensos trabajos exploratorios, de 2016 a 2019, dio con un descubrimiento de hidrocarburos significativo en altamar, y ahora esta nación producirá pronto alrededor de 750,000 barriles diarios, cantidad superior a la de Ecuador, cercana a la de Colombia y sustancialmente superior a la peruana. 

Perú es un país con un gran potencial de hidrocarburos, rezan muchos informes elaborados tanto por entidades públicas (Perupetro y Petroperú) como privadas (diversos think thanks y consultoras). 

Pero Perú importa elevadas cantidades de petróleo para cubrir sus necesidades de energía a pesar de tenerlos, escondidos, en su propio territorio. No hace mucho, el déficit se calculó en 200,000 barriles diarios, según un estudio de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, y de esta forma las cuentas públicas pierden, año a año, miles de millones de dólares de recursos monetarios; el monto exacto depende esencialmente del volátil precio del crudo en los mercados internacionales.

Números de Perupetro, la agencia promotora de la inversión en este segmento, ubican la producción nacional de crudo en los 60,000 barriles diarios pero el país consume diariamente cuatro veces esa cantidad. 

En los 70, el Perú producía alrededor de 200,000 barriles diarios de petróleo y hasta los exportaba. Pero hoy el balance energético es negativamente notorio y hasta sorprendentemente irónico: el país le compra a Ecuador, diariamente, 5,000 barriles de petróleo para cubrir su demanda interna. Perú importó US$2.500 millones de en petróleo en 2017, y unos US$3.000 millones en 2018. Perú es un país que sale a buscar miel cuando tiene un panal en su jardín.

Desde el Estado piden paciencia a los inversionistas petroleros pero resulta que la paciencia en el sector hidrocarburos tiene un costo de oportunidad millonario: estudios de sísmica o solo una perforación para auscultar una sospechosa estructura geológica, en tierra firme o en el lecho marino, puede llegar a costar US$30 millones o más, y no hay garantía alguna de que esa inversión se recupere. Cabría indicar aquí que la inversión en hidrocarburos es de largo aliento. Como en la gran minería, por cada diez proyectos, acaso uno reúna las condiciones necesarias para constituirse como un yacimiento económicamente valioso, pecuniariamente atractivo y socialmente beneficioso. Pero el problema yace en que ni eso, exploración, es fácil de ejecutarse en el Perú.