Economía peruana en un “mejor momento”: crecer cerca de 4% es posible

Voces y Opiniones. La recuperación económica revela que el Perú está mejor de lo que se pensaba, y que crecer menos que durante el boom no es malo, señala Guillermo Arbe, gerente principal de estudios económicos de Scotiabank.

El país está empezando a crecer mejor. Es interesante que sea el sector privado, y no el gasto público, el motor principal, y que, por más que el entorno internacional sea positivo, sea la demanda interna la que lidera el crecimiento, no las exportaciones. Esto va de la mano con un mercado laboral también en mejora.

Crecer cerca de 4% en el 2018 y el 2019 es posible y no es malo. No es el crecimiento de 6% a 8% que tuvimos del 2005 al 2012, pero hay que entender que ese periodo fue muy particular. Era más fácil crecer sobre la base económica baja de antes. Además, el alza en los precios de los metales fue de una magnitud histórica. Hoy probablemente tengamos que acostumbrarnos a la idea de que lo normal será crecer entre 3% y 5%.

Tal vez más importante que la magnitud del crecimiento es el motor. La demanda interna y el sector privado están liderando el crecimiento. Muchos habíamos pensado que se necesitaría que la inversión pública gatillara la recuperación de la economía, pero al parecer el sector privado no la ha necesitado.

El sector privado ha demostrado ser resistente y adaptativo ante circunstancias difíciles. Empezó a mejorar antes del cambio de gobierno (y antes del mundial también, por si acaso). La turbulencia política, con todo su drama y sus cambios de ministros de Economía, de gabinetes y de presidente, no ha afectado tanto como se temía, en gran medida debido a que, con todo y turbulencia, nunca se tuvo la sensación de que estuviera realmente en peligro una conducción adecuada de la economía, lo que permitió regresar a una situación de confianza y normalidad en los negocios con relativa rapidez. Al mismo tiempo, el sector privado absorbió bien el impacto de El Niño, así como Lava Jato y la corrupción. El impacto de estos eventos sobre las licitaciones de inversión y sobre las cadenas de pago fue menos traumático de lo que se esperaba, en parte por formas de resolución surgidas en el mercado.

El entorno internacional ha sido beneficioso y las exportacionesestán creciendo. Pero, más que contribuir al crecimiento, su importancia principal radica en cómo está contribuyendo a fortalecer los balances macroeconómicos, reforzando a una conducción económica solvente, en generar estabilidad y crear un buen ambiente para invertir, consumir, y hacer negocios. Habría que resaltar este punto: con todas sus imperfecciones, la conducción macroeconómica de las últimas dos décadas ha sido una de las mayores fortalezas del país.

Otra fuente de pesimismo que se viene despejando es la data del empleo. Recientemente, el BCR ha empezado a usar la data de planillas registradas en la Sunat, la cual ha crecido con fuerza moderada en lo que va del 2018, y parece desvirtuar la información oficial anterior de un empleo formal en caída.

El país ha avanzado en cuanto a depender más de sí mismo y menos de la coyuntura mundial. Existen una clase media y una clase empresarial más amplias y hay un manejo económico y monetario continuo y confiable a través de diferentes regímenes. Sin embargo, nuestra institucionalidad es débil y tenemos un Estado disfuncional en demasiados frentes. Tal vez el principal reto del Perú, que trasciende a lo económico, es el de constituir un Estado que funcione bien y que esté realmente al servicio de los ciudadanos, lo cual permitiría no sólo crecer más, sino —y esto es incluso más importante— aumentar el bienestar de las personas. Preocupa nuestra clase política que no pareciera tener la capacidad ni la intención de remediar esta debilidad institucional y disfuncionalidad del Estado. Nuestra clase política es, tal vez, nuestro principal freno económico.